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Índice

Breve reseña histórica
Como es sabido, no existe consenso entre los historiadores sobre cual habría sido el sitio de la fundación de Buenos Aires, es así como algunos, basados en las notas del padre Guillermo Furlong, la ubicarían en la zona de los Hospitales Penna y Churruca, y el desembarco se habría realizado en las cercanías del actual Puente Alsina.
Destruido ese primer asentamiento, y producida la segunda fundación de Buenos Aires por don Juan de Garay, las tierras de este barrio, bajas y anegadizas, no fueron adjudicadas y quedaron en manos de la corona. Es así como estas tierras fueron pasando de mano en mano hasta que llegaron a Bartolomé Burgos, quien diera el nombre al vado que pasó a llamarse, Paso de Burgos.
Era una zona poco poblada y de quintas, sin embargo, fue adquiriendo importancia por ser uno de los pocos lugares en que era posible atravesar el Riachuelo, era una zona estratégica y una puerta de entrada para los que venían desde el sur. Por otra parte, hasta esa altura del Riachuelo era posible navegar, razón por la cual se facilitaba el contrabando, una de las formas de comercio más activas en la época del Virreynato.
A fines del siglo XIX, la zona comienza a crecer. Favorecida por la instalación de los mataderos, se desarrollaron a su alrededor saladeros, curtiembres e industrias relacionadas derivadas de la actividad de los mataderos. Más adelante, ya a finales del siglo, con la llegada de la inmigración y el crecimiento de los medios de comunicación, el barrio tomó un gran impulso y crecimiento convirtiéndose en una de las zonas más industriales y pobladas de nuestra Ciudad.
Puente Alsina
Este puente es uno de los principales símbolos del barrio y su primera construcción data del año 1855. Enrique Ochoa, un comerciante español, firma un convenio con el entonces gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Valentín Alsina, para la construcción de un puente, cercano al Paso de Burgos. Este pasaje estaba destinado al uso público bajo el pago de un peaje.
Los primeros dos puentes, construidos en 1855 y 1856, fueron destruidos por las crecientes del Riachuelo. El tercer intento estuvo a cargo del arquitecto alemán Otto von Lobbe, realizado en madera de lapacho, quebracho y urunday. Se inauguró en 1859 bajo el nombre de Valentín Alsina, en homenaje al gobernador. Este puente subsiste hasta el año 1910, luego fue reemplazado por uno de hierro. Finalmente, el 26 de noviembre de 1938 se inaugura el actual puente bajo el nombre de Puente José Félix Uriburu. Este nombre siempre fue resistido por el pueblo que lo seguía llamando Puente Alsina hasta que en el año 2002 la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires restituye su original nombre.
Barrio de tango
Así lo bautizó el poeta Homero Manzi, y el nombre se ajusta perfectamente al perfil del barrio. El tango, nacido en el suburbio orillero, tiene en Pompeya uno de los primeros lugares de crecimiento y expansión. En sus boliches, bares, lugares de entretenimiento, comienzan a sonar los primeros compases de la música que con el tiempo se transformaría en el símbolo por excelencia de la Ciudad de Buenos Aires.
Fuente: JOULIE, P. Nueva Pompeya. Apuntes sobre su historia. Buenos Aires, 2008. Foro de la Memoria de Pompeya.

Límites:

Cnel. Esteban Bonorino, carril sureste de la Avenida Gral. F. Fernández de la Cruz, Agustín de Vedia, Avenida Riestra, Del Barco Centenera, Avenida Cobo, Avenida Caseros, Avenida Almafuerte, José Cortejarena, Cachi, vías del FF.CC. Gral. Belgrano, Avenida Amancio Alcorta, Iguazú, prolongación virtual Iguazú, Riachuelo (deslinde Capital-Provincia), prolongación Cnel. Esteban Bonorino.

Superficie (en km2): 6,2

Densidad (habitantes/km2): 9.752,4

Población Total: 60.465

Mujeres: 31.547 Varones: 28.918

Fuente: DGESC, en base a datos censales, año 2001.

Aniversario: 14 de mayo

Centro de Gestión Nº 4
Emblema: Está formado por el Puente Alsina, la Iglesia de Nueva Pompeya, el bandoneón y el farol como símbolos del tango, unidos a través de un abrazo fraternal.

Puente del paso de Burgos (Puente Alsina)

Un tal Burgos era botero en el cruce más frecuentado sobre el Riachuelo al promediar el siglo XIX, a la altura de la actual avenida Sáenz.

Por aquel entonces existía únicamente el puente Barracas, mientras que en el resto del curso se acudía al servicio de los trajinistas como el citado Burgos, o bien se vadeaba el río con las carretas, como ocurría en el mismo Paso de Burgos y también en el Paso Chico y en el Paso de la Noria, más hacia el poniente.

La alta frecuencia de los transportes de pasajeros y cargas en el Paso de Burgos hicieron que en 1855 un español, dueño de un saladero sito en la orilla meridional del Riachuelo a la altura de ese vado, de nombre Enrique Ochoa, ofreciera levantar un puente de mampostería a su costa.

Habilitado en marzo de 1855 constaba de tres arcos de medio punto, de 7.05 metros de luz cada uno y un largo total de 23,25 metros entre estribos.

Esta obra constituye un hito importante en la historia de los puentes del riachuelo, por la técnica de avanzada que se recurrió para su erección.

Se desvió el agua, se usaron bombas de achique de madera con válvulas de cuero y se asentaron los pilares sólidamente sobre el fondo de tosca. Pero apenas pudo terminarse esta "fábrica" (como antaño se denominaban a las grandes obras), cuando ya las crecientes de Santa Rosa arrasaron la estructura de este primer puente de Ochoa que apenas existió medio año.

Sin embargo, como buen empresario que era, don Enrique Ochoa no se dio por vencido con este contratiempo y encaró un segundo puente.

El Ingeniero Carlos Pellegrini fue encargado de los planos y la ejecución, que se apoyaría sobre los cimientos y pilares del primero, aun cuando su concepción fuera diferente. Pero en vano resultaron los esfuerzos y el cambio de diseño: la avenida de agua siguiente se llevó también este segundo puente de Ochoa, que de tal modo es el único que habiendo sido ejecutado dos veces virtualmente no llegó a usarse como tal.

Pero sería un error pensar que así terminó este triste episodio. Cada fracaso es una enseñanza, con tal que se lo recoja como tal. Y así los colapsos sufridos por los malogrados puentes de Ochoa seguramente debieron haber servido para que futuros constructores tuviesen debidamente en cuenta las fuerzas que las aguas del Riachuelo saben desarrollar después de una lluvia copiosa. Exagerando un tanto diríase que los puentes realizados con posterioridad sobre el Riachuelo no hubiesen tenido éxito de no existir los antecedentes tristes pero valiosos de los dos puentes de Ochoa.

Tanto es así que el propio Ochoa encara la realización de otro puente antecesor del actual puente Alsina.

De entrada se desechó la mampostería y los arcos como solución, y se encaró el asunto desde un punto diametralmente opuesto: Ochoa hizo traer del Chaco y Formosa vigas largas de excelente madera de urunday, lapacho y quebracho colorado para tender sobre las aguas una calzada de tablones de 30,45 metros de largo, sin columnas ni pilares, sólo sostenida por semiarcos reticulados que apoyaban en estribos sólidamente ejecutados en mampostería de primera.

Habilitado en 1859, este puente particular pero librado al uso público mediante cobro de peaje, resistió durante años el paso de carros y jinetes, de tropas y hacienda en pie. En 1885 el gobierno federal lo expropió contra el pago de 28.170 pesos, pero el puente como tal continuó prestando servicios hasta 1910 cuando fue reemplazado por otro, de mampostería y madera, sustituido a su vez en 1938 por el actual, sobreelevado, bautizado José E. Uriburu.

Enrique Ochoa, exponente característico de la era de los visionarios y los empresarios con iniciativa inquebrantable, había realizado su sueño. De su grandeza da cuenta otro hecho, marginal pero elocuente: durante el brindis de inauguración del tercer puente, el iniciador propuso que la obra llevara el nombre no de é, sino del Dr. Valentín Alsina. Este, que acababa de renunciar al cargo de gobernador de la provincia de Buenos Aires, le había brindado a Ochoa su valiosa ayuda para concretar el plan.

Don Enrique Ochoa había financiado el proyecto de su peculio. Y no fue poco lo que gastó: el primer puente, derrumbado, demandó una erogación de 300.000 pesos; el segundo, que también claudicó antes de tiempo, 200.000, y el tercero y definitivo la suma de sus predecesores: 500.000. Total, un millón de pesos. Para la época y por tratarse de capital privado, fue un monto extraordinario, pero a la vez una inversión brillante vistos los beneficios a largo plazo. Todos los prósperos municipios al sur del puente Alsina le deben en buena medida su progreso y bienestar: Valentín Alsina, Gerli, Lanús y otros, aun más distantes.

Injusta como frecuentemente es la historia, no ha sabido o querido mantener viva la memoria de Enrique Ochoa, quien falleció en 1867. Lo que en cambio sí perdura hasta nuestros días es el nombre del esforzado trajinista que precedió el puente: un barrio en el deslinde de las ciudades de Lanús y Avellaneda, rodeado por las villas Valentín Alsina, Spinola, Porvenir, Libertad y progreso, se llama oficialmente Villa Paso de Burgos.

Fuente: Federico B. Kirbus, publicado en Todo es Historia Nº 225, enero de 1986

 
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06/10/2012   25/11/2013